En la partida anterior, la torre de babel fue sacrificada para salvar a una reina que terminó comiendo un alfil que llevaba una manzana, en consecuencia una jaque mate que dejó a toda la población con muchas lenguas y pocas palabras.
A lo largo de la historia ese tablero se convirtió en un mito que dejó una gran enseñanza sobre cómo defender la torre que nos lleva a la sabiduría. Pasaron siglos y de esas pocas palabras surgieron lenguas, pueblos, sociedades, el mundo organizado que conocemos hasta hoy.
En el presente esas lenguas se perfeccionaron tanto que lograron enriquecer la oralidad, la escritura, la imprenta. Y sigamos con esta última, la que permitió una revolución sociocultural dando lugar a muchos lectores, empezando por intelectuales de la época, con un presente que mide los índices de alfabetización.
Surge internet y la escritura y la lectura se digitalizan, dejando el materialismo físico de un libro o una hoja de papel. Hojas de papel que podías usar en tu propia imprenta con material de internet o escrito por vos mismo, como sucede en este momento cuando me lees.
Estamos en el año 99, 2000. Que para presentar un formulario formal, o un trabajo práctico para la escuela te juntabas en la casa de uno que tuviera PC y lo hacían. Pero no existía el formulario listo para presentar, no existían las cosas precocinadas — y así estalló la burbuja de las punto com.
En la década de los 2000 se desarrollaron programas de uso profesional que los podías adquirir por internet y ahí empezó a tomar forma la demanda de usuarios de internet. Salen los buscadores, un Altavista, un Yahoo Respuestas, y se instala Google. ¡BOOM! Steve Jobs revolucionó internet, se crearon las redes sociales, aplicaciones útiles que antes tenías que tener una computadora.
El SmartPhone apagó las imprentas, las impresoras en casa, los diarios tuvieron que ajustarse a su versión digital. Estamos hablando de la parte front, lo que está servido en la mesa. Pero ¿dónde se cocina todo?
Steve Jobs no hubiera sacado a relucir su plato principal con la materia prima que es la memoria SD, memoria flash, lo que permitió que todo sea smart.
El restaurante japonés Toshiba tenía a los mejores cocineros japoneses, que crearon un nuevo método de cocción, que permite que cualquiera pueda comer de manera nutritiva y eficiente.
En poco tiempo el correr de voz llegó a occidente y desde Silicon Valley enviaron a su caballito de batalla, Samsung, que terminó robando y patentando la tecnología al mejor estilo del Imperio Romano.
Paralelamente empezó la era smart y surgieron ingeniosos gadgets como los reproductores de mp3.
El avance de los microchips en compás con la memoria stick hicieron que Facebook se convirtiera en la reconstrucción de la Torre. Una red social que te comunicaba con cualquier persona del mundo. Y aquí comienza a armarse el tablero, ahora con una torre sólida, un rey dependiente de la torre, y una reina Británica jugando el Brexit.
La torre estaba cada vez más inundada de información, que la única pieza en el tablero capaz de moverse como quiera es la Reina y así defendían cualquier estrategia de jaque. Es más, entre la torre y la Reina ponían en jaque a los gobiernos, haciendo ganar elecciones. La jugada tan famosa llamada Cambridge Analytica.
Año 2022, aparece de repente la Biblioteca de Alejandría combinada con el Oráculo de Delfos, que en una de sus primeras jugadas se comen a la Reina y adaptan toda la información del tablero.
Y así, en el presente estamos viviendo un enroque de la Torre de Babel, una con mucha información donde todos están hiperconectados. Un Rey con peones que gritan ¡Viva la Libertad Carajo!, con alfiles que no puede controlar porque atacan solos sin el propósito de defender al rey.
En conclusión, estamos viviendo una época donde pregona la sobre información, donde no somos capaces de ser objetivos en la lectura, porque son a nosotros a quienes nos leen.
Es nuestro deber y propósito vital para no repetir errores de la historia construir ópticas de cada lectura. Son tiempos de alfabetización digital, construcción de criterios ante tantas lecturas de información repetida como pasó en la primera torre de babel.